EL DILEMA DEL PRISIONERO
Creo que no siempre hay ganador;
a veces, los dos pierden.
Nosotros actuamos
como en la peor resolución
del dilema del prisionero.
Pensamos que era lo que más nos convenía
y en el fondo era egoísmo:
Los dos restamos, los dos perdimos.
Y los dos recibimos la máxima pena:
separarnos y condenarnos
a no poder estar vivos.
Por inercia o necesidad,
a veces, hablamos.
No hace mucho me volvió a decir
que jamás habría un momento
como aquel en el que nos conocimos.
¡No! ¡No habrá otro pirata ni otro atleta!
Tampoco habrá carnaval en ninguna moqueta,
aunque habrá otras formas.
Y del mismo modo que una noche de febrero
coincidimos en el espacio-tiempo,
habrá otro encuentro mágico con otro muchacho,
de esos en las que podré decir:
“Desde ahora
me debo a este ser humano”.
Esa noche reciente también dijo
que nadie lo había besado como yo.
Así que insisto:
no hubo ganador.
Soy de los que cree que, si es amor del bueno,
debemos dejar escapar de nosotros mismos
a aquellos a quienes amamos,
Pero cuando llega el momento de romper y volar,
duele tanto
que merece la pena repetirlo.
No por (psuedo)masoquismo,
sino como experiencia de amor..
Quizá, con los próximos amantes
seremos menos egoístas:
si sumamos, ganamos todos.
Me pregunto si este dilema
puede resolverse de otro modo.
Comentarios
Publicar un comentario