DESDE LAS ALTURAS
La primera vez que subí la Torre Eiffel andando, lo hice contigo. Me tuviste que convencer. No puedo creer que aquello fuera el principio del fin; que aquellos días, quizá de ensueño, no eran más que un espejo; que aquella subida era nuestro propio ascenso. Otra altura marcaría el final definitivo. El Empire State Building mostró lo que a la vez está muerto y vivo. Fuimos de analizarlo todo desde las alturas. Fuimos humanos y muy divinos. A veces pienso si no hubiera sido mejor no despegarnos de la tierra. Una vez más comprendo que te amé por lo contrario y que te amo por la misma razón por la que siempre amo.